Datos

Nacimientos registrados en México 2024: mínimos históricos, transición demográfica y presión sobre la seguridad social

Análisis de la ENR 2024 del INEGI: 1.67 millones de nacimientos, tasa de 47.7 por mil y la caída de la fecundidad frente al horizonte pensionario.

INEGI Demografía Fecundidad CONAPO Seguridad social ENADID
Por Estructura

Contexto

La Estadística de Nacimientos Registrados (ENR) 2024 publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el 25 de septiembre de 2025 mediante el Comunicado de Prensa 129/25 confirma una tendencia estructural que ya no admite lectura coyuntural: México ingresó a la fase avanzada de la transición demográfica. Con 1,672,227 nacimientos contabilizados durante el año calendario 2024, el país registró el segundo volumen más bajo desde 1994 —solo por debajo de la lectura pandémica de 2020— y una tasa nacional de 47.7 nacimientos por cada mil mujeres en edad fértil, con una caída interanual de 4.5 puntos respecto a 2023.

La distancia recorrida en tres décadas es contundente. En 1994, el máximo histórico de la serie, se contabilizaron 2,904,389 nacimientos. La cifra de 2024 equivale a una contracción del 42.43% respecto a ese pico. La transición coincide, además, con dos hechos macroeconómicos y sociales de primer orden: el envejecimiento acelerado de la pirámide poblacional documentado por el Consejo Nacional de Población (CONAPO) y la maduración del régimen de cuentas individuales del Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR). El propósito del presente análisis es sistematizar la evidencia de la ENR 2024, articularla con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023 y con las proyecciones CONAPO 2020-2070, y trazar sus implicaciones para el sistema mexicano de seguridad social.

Arquitectura de la Estadística de Nacimientos Registrados

La ENR constituye un registro administrativo, no una encuesta muestral. La información se genera a partir de las actas de nacimiento levantadas por las oficialías del Registro Civil de las 32 entidades federativas y se procesa anualmente por INEGI en coordinación con la Dirección General de Estadísticas Sociodemográficas. Para la edición 2024, INEGI reportó 4,924 fuentes de captación, lo que ilustra la granularidad del acervo y el desafío operativo de su consolidación anual.

Metodológicamente, la ENR distingue entre el año de registro y el año de ocurrencia del nacimiento. La tasa de nacimientos por cada mil mujeres en edad fértil se calcula usando como denominador la estimación de población femenina de 15 a 49 años. INEGI ha precisado que, para los años 2020 a 2024, dicho denominador se construye con base en el Marco Muestral de Viviendas del propio instituto, lo que aporta consistencia con el Censo de Población y Vivienda 2020 y con la Conciliación Demográfica publicada conjuntamente con CONAPO.

La ENR se complementa analíticamente con dos instrumentos: la Estadística de Defunciones Registradas (EDR) —que permite construir balances demográficos brutos— y la ENADID, encuesta muestral cuyo levantamiento más reciente corresponde a 2023 y que estima la Tasa Global de Fecundidad (TGF), es decir, el número esperado de hijas o hijos por mujer al finalizar su vida reproductiva bajo los patrones observados en el año de referencia. El Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica (SNIEG) reconoce a la ENR y a la ENADID como Información de Interés Nacional, con lo cual su producción es jurídicamente obligatoria bajo la Ley del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica.

Trayectoria 2014-2024: del pico al mínimo

La serie anual construida por INEGI a partir de los tabulados interactivos permite reconstruir la evolución reciente. La lectura decenal revela un descenso persistente, interrumpido únicamente por el rebote técnico de 2021.

AñoNacimientos registradosVariación anual
20201,674,248
20211,912,178+17.4%
20221,891,388-1.1%
20231,820,888-3.7%
20241,672,227-8.16%

El repunte de 2021 —el primer aumento anual desde 2010— respondió, en buena medida, al aplazamiento de trámites del Registro Civil durante 2020 y a un efecto de recuperación de eventos no registrados. Una vez neutralizada esa perturbación, la trayectoria retomó la pendiente descendente: los descensos de 2022, 2023 y 2024 se acumulan en una contracción cercana al 12.5% en tres años. La cifra de 2024 se ubica, en términos absolutos, en el segundo lugar más bajo de la serie que INEGI publica desde 1994, por debajo únicamente del piso pandémico de 1,629 mil nacimientos observado en 2020, con la salvedad de que ese último dato estuvo afectado por retrasos administrativos y no reflejó plenamente los eventos ocurridos.

La brecha con el máximo histórico es un ejercicio de perspectiva. Los 2.9 millones de nacimientos de 1994 corresponden a un México con una estructura poblacional joven, una TGF cercana a tres hijas o hijos por mujer y una participación laboral femenina considerablemente menor. La caída del 42.43% en tres décadas es congruente con la trayectoria observada en economías de ingreso medio-alto que atraviesan simultáneamente urbanización, escolarización femenina y acceso ampliado a métodos anticonceptivos.

Heterogeneidad estatal: cinco Méxicos demográficos

El agregado nacional oculta una asimetría regional aguda. La ENR 2024 muestra que las entidades con mayor tasa de nacimientos por cada mil mujeres en edad fértil fueron Chiapas con 86.7, Durango con 58.9 y Nayarit con 58.6. En el extremo opuesto, la Ciudad de México registró la tasa más baja del país con 32.8, seguida por Yucatán con 38.1 e Hidalgo con 38.3. La distancia entre Chiapas y la Ciudad de México —de más de 53 puntos— es equivalente, en términos relativos, a la que separa a economías demográficamente jóvenes de Asia Meridional de las envejecidas de Europa Occidental.

En términos absolutos, tres entidades concentraron el mayor volumen de eventos: el Estado de México con 191,840 nacimientos, Chiapas con 133,267 y Jalisco con 123,696. La suma de esas tres entidades absorbe cerca del 27% del agregado nacional, lo cual anticipa dónde se concentrará la próxima generación de cotizantes potenciales al régimen del Seguro Social y a los sistemas estatales de salud y educación.

La lectura de la fecundidad adolescente confirma la dispersión. La tasa nacional de nacimientos registrados en madres de 10 a 17 años fue de 10.1 por cada mil mujeres del grupo etario, con 89,527 eventos absolutos. Chiapas exhibió la tasa más alta con 19.4, mientras que la Ciudad de México presentó la más baja con 5.2. Estos indicadores son especialmente sensibles a la cobertura de servicios de salud sexual y reproductiva y a las trayectorias educativas de las mujeres jóvenes: el mismo territorio en el que se concentra el volumen de nacimientos es el que concentra también el rezago en derechos reproductivos.

Un cuarto vector de heterogeneidad es el lugar de atención del parto. A escala nacional, el 86.96% de los nacimientos se atendió en hospitales o clínicas. Chiapas, sin embargo, presentó una cobertura de solo 40.83% en unidades médicas, con una proporción significativa de partos ocurridos en domicilio particular. Esta brecha es concordante con la desigualdad territorial documentada por el sistema de indicadores del sector salud y refleja restricciones estructurales de acceso a servicios obstétricos en zonas rurales, indígenas y de alta marginación.

Fecundidad y estructura demográfica: la lectura ENADID 2023

La ENR captura eventos, no comportamientos reproductivos. Para leer la fecundidad como fenómeno estructural es necesario acudir a la ENADID 2023, cuyos resultados fueron publicados por INEGI el 22 de mayo de 2024 en el Comunicado de Prensa 305/24. La ENADID estimó una TGF nacional de 1.60 hijas o hijos por mujer en 2023, frente a 2.07 estimada en la edición 2018. México cruzó, por primera vez en su historia estadística, el umbral de la tasa de reemplazo poblacional (convencionalmente fijada en 2.1) por el lado inferior.

La descomposición territorial hace visible la dualidad demográfica del país. En zonas rurales la TGF 2023 fue de 2.13, esto es, ligeramente por encima del reemplazo; en áreas urbanas descendió a 1.44. Solo cuatro entidades quedaron por encima del umbral de 2.1: Chiapas con 2.39, Zacatecas con 2.32, Guerrero con 2.30 y Michoacán con 2.10. En el otro extremo, la Ciudad de México reportó una TGF de 0.96, la única entidad por debajo de la unidad y una lectura comparable, en términos de intensidad reproductiva, a la observada en países del Asia Oriental industrializada.

La caída de la fecundidad adolescente es uno de los cambios más nítidos en la estructura reproductiva. La tasa específica del grupo de 15 a 19 años pasó de 70.6 nacimientos por mil mujeres en 2018 a 45.2 en 2023, una reducción de 35.9% en cinco años. La ENADID también documentó una recomposición del calendario reproductivo: mientras que en 2018 la cúspide de fecundidad se concentraba de forma temprana en las mujeres de 20 a 24 años (118.2 nacimientos por mil), para 2023 el perfil se dilató, con un aplanamiento del pico y desplazamiento hacia edades posteriores. La ENR 2024 es consistente con esta reconfiguración: 23.88% de los nacimientos correspondieron a madres de 20 a 24 años y 22.59% a madres de 25 a 29 años, mientras que solo 0.36% se registraron en madres menores de 15 años.

Otro cruce relevante es la escolaridad materna. En 2024, el nivel de estudios más frecuente entre las madres al momento del registro fue secundaria con 31.4%, seguido de preparatoria con 25.5%. Los niveles de primaria y profesional se ubicaron por debajo de 15.5% cada uno. La distribución evidencia que la fecundidad de la última década se concentra en cohortes de mujeres con escolaridad media completa, un perfil consistente con la matrícula del sistema educativo entre 2005 y 2015.

Implicaciones para la seguridad social

La lectura conjunta de la ENR 2024, la ENADID 2023 y las Proyecciones CONAPO 2020-2070 dibuja el contorno del problema pensionario mexicano en el mediano plazo. CONAPO proyecta que la TGF continuará su descenso hasta ubicarse en 1.54 hijas o hijos por mujer en 2050 y en 1.49 en 2070, con convergencia interestatal alrededor de estos valores. La población de 60 años y más pasará de representar 12.8% del total en 2025 —cerca de 17.1 millones de personas— a 24.1% en 2050 y 34.2% en 2070. La edad mediana del país, que en 2025 alcanzó 30.5 años, escalará hasta cerca de 43 años a mediados de siglo.

El impacto sobre los sistemas de pensiones opera por al menos tres canales. El primero es la razón de dependencia demográfica: menos personas en edad laboral por cada persona en edad de retiro compromete la sostenibilidad de los esquemas de reparto y presiona el gasto federal en programas no contributivos como la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores (PBAM) y la Pensión Mujeres Bienestar. El segundo canal es la maduración del régimen de cuentas individuales del SAR: aunque el sistema está diseñado sobre una lógica de capitalización individual y no está estrictamente sujeto a la razón de dependencia, la fase de desacumulación —rentas vitalicias, retiros programados y complementos del Fondo de Pensiones para el Bienestar— se ve tensionada por la mayor longevidad promedio de las cohortes que ingresen a retiro después de 2030. El tercero es el diseño de los pilares no contributivos: el descenso de la base impositiva laboral, combinado con el crecimiento de los pasivos contingentes por transferencias universales a personas mayores, redefine el margen fiscal del Estado en el largo plazo.

El vínculo con la política laboral es igualmente estrecho. La caída de la fecundidad se combina con una tasa de participación laboral femenina cercana al 46% al cierre de 2025, con brechas de género de más de 20 puntos porcentuales frente a la participación masculina. La ampliación de la oferta de cuidados —guarderías del IMSS y del ISSSTE, licencias parentales, jornadas compatibles con corresponsabilidad y arquitecturas de cuidados públicos— se convierte en política demográfica en sentido amplio, incluso si su formulación explícita persigue otros objetivos.

Comparativo internacional y horizonte 2030

La OCDE reportó en su Society at a Glance 2024 una TGF promedio de 1.5 hijas o hijos por mujer en el bloque, con Israel como único país por encima del umbral de reemplazo (2.8) y Corea del Sur en el extremo inferior con 0.7. La lectura mexicana de 1.60 según ENADID 2023 ubica al país en el promedio OCDE, aunque con dos particularidades: el descenso ha sido más rápido que en la mayoría de sus pares —la TGF cayó de 6.5 en 1970 a 1.60 en 2023 en poco más de medio siglo— y persiste una heterogeneidad interna elevada, con entidades por encima del reemplazo conviviendo con capitales metropolitanas con perfiles demográficos característicos de economías avanzadas.

De cara al horizonte 2030, la trayectoria de la ENR anticipa nacimientos anuales por debajo del millón y medio si la pendiente reciente se mantiene. La lectura anual de la ENR se ha convertido, por consiguiente, en un indicador temprano de la presión que enfrentará el gasto en salud materna, el sistema educativo básico y, con un rezago aproximado de dos décadas, el mercado laboral y el régimen contributivo de seguridad social.

Conclusiones

  1. La ENR 2024, publicada por INEGI el 25 de septiembre de 2025 mediante el Comunicado 129/25, documentó 1,672,227 nacimientos y una tasa nacional de 47.7 por cada mil mujeres en edad fértil, con una caída interanual de 4.5 puntos y una contracción cercana al 42.43% respecto al pico histórico de 1994.

  2. La ENADID 2023 estimó la TGF nacional en 1.60, por debajo del umbral de reemplazo por primera vez en la historia estadística del país, con dispersión aguda entre entidades: cuatro estados aún por encima del reemplazo y la Ciudad de México con una TGF de 0.96.

  3. La heterogeneidad territorial de la ENR 2024 confirma la existencia de patrones demográficos coexistentes: entidades del sur con altas tasas de fecundidad y de fecundidad adolescente, y regiones metropolitanas con dinámicas propias de sociedades envejecidas.

  4. Las Proyecciones CONAPO 2020-2070 anticipan que la población de 60 años y más pasará del 12.8% actual al 34.2% en 2070, con implicaciones estructurales sobre los sistemas de pensiones contributivos y no contributivos y sobre el sistema fiscal en su conjunto.

  5. El pilar contributivo del SAR y el pilar no contributivo articulado alrededor de la PBAM, la Pensión Mujeres Bienestar y el Fondo de Pensiones para el Bienestar enfrentarán presiones simultáneas por longevidad, dependencia demográfica y estrechamiento de la base laboral. La política de cuidados y la participación laboral femenina emergen, en este marco, como palancas indirectas pero decisivas del equilibrio pensionario de mediano plazo.

  6. La ENR es un registro administrativo con alta frecuencia y granularidad estatal. Su lectura anual, articulada con la ENADID quinquenal y con las proyecciones CONAPO, constituye la infraestructura estadística mínima para anticipar los ajustes que requerirá el sistema mexicano de seguridad social hacia 2050.

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