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ENSU 2T 2026: la percepción de inseguridad en su mínimo del sexenio y la lectura estadística del indicador coyuntural del INEGI

Lectura del comunicado 40/26 del INEGI: la percepción de inseguridad urbana baja a 59.8% en junio de 2026, mínimo del sexenio, y arquitectura metodológica de la ENSU.

INEGI ENSU Seguridad pública Indicadores coyunturales
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El comunicado 40/26 y el dato de junio

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó el 24 de julio de 2026 el comunicado de prensa 40/26 con los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) correspondiente al segundo trimestre del año. La lectura central es que 59.8% de la población de 18 años y más residente en las 91 áreas urbanas de interés consideró que era inseguro vivir en su ciudad en junio de 2026, un descenso estadísticamente significativo frente a 61.5% registrado en marzo de 2026 y frente a 63.2% observado en junio de 2025.

La cifra tiene relevancia analítica por dos razones. La primera es que se ubica como el nivel más bajo registrado desde el inicio del sexenio de la administración federal en octubre de 2024, cuando el propio indicador se encontraba en 61.7%. La segunda es que se aproxima al mínimo histórico del programa, alcanzado en septiembre de 2024 con 58.6%, luego de que la serie llegara a su máximo en marzo de 2018 con lecturas cercanas a 77%. El resultado convierte al indicador de percepción en uno de los dos únicos referentes con periodicidad subanual sobre seguridad pública que publica el sistema estadístico nacional, complementario de la información de victimización que solo se actualiza una vez al año a través de la ENVIPE.

Este análisis descompone el resultado del 2T 2026 en cuatro cortes: arquitectura estadística de la ENSU, evolución histórica del indicador, heterogeneidad territorial y de género, y comportamiento asociado al miedo, para cerrar con la lectura conjunta con la ENVIPE y los límites analíticos de la percepción como métrica de política pública.

Arquitectura estadística de la ENSU

La ENSU se aplica de manera trimestral en los meses de marzo, junio, septiembre y diciembre desde septiembre de 2013 y forma parte del subsistema nacional de información de gobierno, seguridad pública e impartición de justicia del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica (SNIEG). Su objetivo es medir la percepción de la población sobre la seguridad pública en las áreas urbanas del país, unidad geográfica que concentra la mayor parte de los eventos de victimización que documenta la ENVIPE.

El diseño muestral es probabilístico, trietápico, estratificado y por conglomerados. La unidad última de observación es la persona de 18 años y más residente en la vivienda seleccionada. La ENSU opera con una muestra objetivo de alrededor de 300 viviendas por área urbana, calibrada con un nivel de confianza de 90%, error relativo máximo de 15%, efecto de diseño de 1.5, tasa de no respuesta esperada de 15% y una proporción de 42% para el estimador de percepción, parámetros que definen el margen de significancia estadística en los cambios trimestrales.

La cobertura del programa se ha ampliado a lo largo del tiempo. En 2016 abarcaba 51 ciudades; para 2022 el operativo se extendió a 75 áreas urbanas; y en la edición vigente comprende 91 áreas urbanas de interés que incluyen al menos una por entidad federativa, con desagregación específica para las 16 demarcaciones territoriales de la Ciudad de México. El levantamiento se realiza mediante entrevistas presenciales con dos cuestionarios cargados en minilaptops, uno sociodemográfico del hogar y otro individual para la persona seleccionada.

La ENSU se posiciona en el catálogo del INEGI como un indicador coyuntural, categoría reservada para estadísticas con periodicidad menor o igual a un trimestre cuya vocación es la detección temprana de tendencias, no la producción de niveles estructurales. Ese estatuto exige una lectura acumulada y no puntual: cualquier movimiento trimestral debe validarse por su persistencia y por la consistencia con los indicadores anuales de la ENVIPE antes de leerse como cambio de tendencia.

Serie histórica: del máximo de 2018 al mínimo del sexenio

La percepción de inseguridad medida por la ENSU ha seguido tres fases identificables. La primera, entre 2013 y 2018, mostró una trayectoria ascendente que culminó en el máximo histórico de marzo de 2018, con lecturas cercanas a 77%. La segunda, entre 2018 y 2024, describió un descenso sostenido: al inicio del gobierno anterior en diciembre de 2018 el indicador se ubicaba en 73.7% y llegó a 58.6% en septiembre de 2024, mínimo absoluto de la serie hasta esa fecha. La tercera fase, iniciada con el cambio de administración, arrancó en 61.7% en diciembre de 2024 y ha tenido un ciclo estacional que ubicó al indicador en 63.8% al cierre de 2025 y en 59.8% al cierre del 2T 2026.

La lectura del resultado más reciente debe hacerse con dos precauciones. La primera es que la comparabilidad estricta con lecturas anteriores a 2016 se ve mediada por la ampliación de la muestra de ciudades incluidas, que pasó de 51 a 91 áreas urbanas. El INEGI ha mantenido en su documentación técnica factores de expansión y estratos comparables para las áreas base originales, pero cualquier análisis longitudinal debe distinguir entre el agregado ampliado y la serie de ciudades comunes. La segunda es que el diseño con nivel de confianza de 90% y error relativo máximo de 15% implica que los movimientos de menos de dos puntos porcentuales rara vez alcanzan significancia estadística en el agregado nacional.

El descenso del 2T 2026 sí cumple con el umbral. La baja de 1.7 puntos porcentuales respecto a marzo y de 3.4 puntos respecto al mismo trimestre de 2025 es reportada por el propio comunicado como estadísticamente significativa, lo que sitúa al indicador en una fase descendente que se confirmará o revertirá con la publicación de septiembre de 2026.

Radiografía territorial 2T 2026

La agregación nacional oculta una heterogeneidad territorial importante. De las 91 áreas urbanas cubiertas por el operativo del 2T 2026, 18 registraron cambios estadísticamente significativos respecto al trimestre anterior: 12 mostraron reducciones y 6, incrementos. La distribución asimétrica es consistente con la tendencia agregada a la baja, pero también muestra que la mejora no es homogénea.

Entre las áreas urbanas con las mayores reducciones destacaron Ciudad Nezahualcóyotl, que pasó de 55.5% a 41.3%; Nuevo Laredo, de 34.8% a 26.5%; y Zapopan, de 70.8% a 54.1%. En sentido contrario, San Pedro Garza García duplicó su indicador de 4.4% a 10.6%, Los Mochis pasó de 21.1% a 31.2%, y Apodaca subió de 26.1% a 33.4%.

Al considerar los niveles absolutos, las brechas territoriales son estructurales y persistentes. El comunicado 20/26 con datos al 1T 2026 ubicaba a Irapuato en 92.1%, a Guadalajara en 90.2% y a Ecatepec en 87.6% como las áreas con mayor percepción de inseguridad, frente a Fresnillo con 10.5%, Piedras Negras con 12.9% y Ciudad Obregón con 13.5% en el extremo opuesto. La distancia entre los extremos supera los 80 puntos porcentuales, lo que sugiere que la lectura agregada nacional debe complementarse con un análisis por ciudad antes de derivar conclusiones sobre la política de seguridad.

Área urbana1T 2026 (%)2T 2026 (%)Diferencia (pp)
Zapopan70.854.1-16.7
Ciudad Nezahualcóyotl55.541.3-14.2
Nuevo Laredo34.826.5-8.3
Apodaca26.133.4+7.3
Los Mochis21.131.2+10.1
San Pedro Garza García4.410.6+6.2

Fuente: INEGI, comunicados 20/26 y 40/26.

Brecha de género y conductas asociadas al miedo

La ENSU documenta desde 2013 una brecha persistente entre la percepción de inseguridad reportada por hombres y por mujeres. En el 2T 2026, 65.6% de las mujeres consideró inseguro vivir en su ciudad, frente a 52.6% de los hombres. La distancia de 13 puntos porcentuales se ha mantenido estable a lo largo de la serie y se replica en la mayoría de las áreas urbanas cubiertas. El comunicado 20/26 registró para el 1T 2026 una brecha comparable, con 67.2% en mujeres y 54.6% en hombres.

Los cambios de hábito derivados del miedo son otra dimensión relevante. El mismo comunicado reportó que en el 1T 2026 el 43.7% de la población adulta modificó sus hábitos respecto a portar cosas de valor, 39.2% cambió las rutinas de dejar salir a menores de edad sin acompañamiento y 39.1% modificó la conducta de caminar por los alrededores de su vivienda de noche. Estas métricas capturan el efecto conductual de la percepción, dimensión que la ENVIPE también mide con un cuestionario distinto y que sirve para triangular la coherencia de los resultados.

La ENSU también registra las conductas antisociales observadas en los alrededores de las viviendas. En el 2T 2026 destacaron el consumo de alcohol en la vía pública (58.1%), los robos o asaltos (46.0%), la venta o consumo de drogas (38.5%), el vandalismo (37.8%) y los disparos frecuentes con armas de fuego (34.1%). Estas cifras permiten cruzar la percepción con manifestaciones directas del entorno, aunque sin diferenciar entre observación puntual y experiencia recurrente.

Complementariedad con la ENVIPE y los límites de la percepción

La ENSU no mide victimización. Su objetivo es la percepción, es decir, la lectura subjetiva que hace la población sobre el nivel de seguridad de su entorno. Esa distinción es central para interpretar sus resultados. La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE), coordinada también por el INEGI, es el instrumento que mide los delitos que afectan directamente a las víctimas y a los hogares, con levantamiento anual y desagregación estatal. La ENVIPE es información de interés nacional desde diciembre de 2011, lo que hace obligatorio su uso por las autoridades federales, estatales y municipales.

La ENSU y la ENVIPE trabajan sobre poblaciones y unidades de análisis distintas. La ENVIPE cubre a la población de 18 años y más en todo el territorio nacional con una muestra amplia que permite estimaciones por entidad federativa, mientras que la ENSU se restringe a áreas urbanas y opera con una muestra menor pero con periodicidad trimestral. La primera ofrece la fotografía anual de la victimización y sus tasas, la segunda provee el pulso trimestral de la percepción.

La divergencia entre percepción y victimización es un hallazgo recurrente en la literatura latinoamericana de seguridad pública. La percepción puede mantenerse elevada aun cuando las tasas de victimización descienden, o descender cuando la exposición mediática de un evento particular se reduce, lo que subraya que la lectura de la ENSU debe hacerse en paralelo con indicadores de incidencia delictiva, tanto la del propio INEGI vía ENVIPE como los registros administrativos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Un descenso significativo de la percepción como el registrado en el 2T 2026 puede tener orígenes múltiples: mejora efectiva de la seguridad, cambios en la cobertura mediática, ajustes en la composición de la muestra por rotación programada, o efectos estacionales asociados al ciclo escolar y vacacional.

Un elemento adicional a considerar es que la ENSU no captura la seguridad de la población rural, donde reside una fracción minoritaria pero relevante de las víctimas de delitos como abigeato, extorsión rural y homicidios en regiones específicas. La cobertura urbana del instrumento es una decisión metodológica coherente con la concentración territorial de la victimización, pero limita el alcance de conclusiones nacionales sobre seguridad.

Conclusiones

  1. El 2T 2026 marcó una lectura de percepción de inseguridad de 59.8% en las 91 áreas urbanas de la ENSU, mínimo del sexenio y a 1.2 puntos porcentuales del mínimo histórico de septiembre de 2024, con carácter estadísticamente significativo tanto frente al trimestre previo como frente al mismo trimestre del año anterior.
  2. La ENSU debe leerse como un indicador coyuntural con muestra optimizada para detectar tendencias trimestrales, no como una medida estructural equivalente a las de la ENVIPE. La comparabilidad longitudinal exige distinguir entre la serie ampliada de 91 áreas y la de las 51 ciudades base originales.
  3. La heterogeneidad territorial persiste. Solo 18 de las 91 áreas urbanas registraron cambios significativos entre el 1T y el 2T de 2026, y la distancia entre los extremos superó los 80 puntos porcentuales al inicio del año, lo que sugiere que las agregaciones nacionales pueden ocultar más de lo que revelan.
  4. La brecha de género de 13 puntos porcentuales se ha mantenido estructuralmente estable a lo largo de la serie, evidencia de que la dimensión subjetiva de la seguridad tiene raíces que trascienden la coyuntura y requieren instrumentos de política pública específicos.
  5. La lectura completa del estado de la seguridad exige triangular la ENSU con la ENVIPE y con los registros administrativos de incidencia delictiva. Aislar la percepción como métrica única, en cualquier dirección, oscurece la naturaleza del fenómeno y limita la utilidad analítica del sistema estadístico.

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